La comprensión intuitiva o experimental de la realidad verbalmente formulada como “Todo en Uno  y Uno en Todo” es la afirmación fundamental enseñada por todas las escuelas del budismo.

La misión del pintor no es, pues, copiar o imitar la naturaleza, sino conferir a su obra un hálito de vida.

Sunyata es sin forma, pero es el origen de todas las posibilidades. Dar forma  a lo  posible dentro de una realidad es un acto de creatividad.

 “Debe conservarse enteramente libre de egoísmo, afectos y cálculos intelectuales de modo que la “intuición original” esté lista para trabajar de manera óptima, como estado de no- mente. La mera destreza  técnica no proporciona necesariamente una plena cualificación.

La fluidez es ausencia de obstáculos. Tener la mente libre de todo miedo, libre de todas las formas de apego, hace posible dominio de sí, sin obstáculos, inhibiciones, fijaciones, ni atascos.

La mente como el agua, sigue entonces su propio curso. Se la puede comparar a un círculo cuyo centro está en todas partes y que carece de circunferencia. Ontológicamente los budistas lo llaman un estado de vacuidad (sunyata). Los artistas  seguramente experimentan algo similar, aunque no hayan llegado a ser claramente conscientes de ello.

El intelecto divide y discrimina, resiste y rechaza , elige y decide, y por medio de esas cualidades impedimos  “lo otro”.

Sin el sentido de un ego, no hay responsabilidad moral, pero lo divino trasciende la moral. Así ocurre con el arte. El arte vive donde está la libertad absoluta, porque donde no la hay no puede haber la creatividad. Libertad y creatividad son sinónimas. 

Incluso la distinción entre sujeto y objeto queda anulada. El arte culmina aquí. Toda la estructura del intelecto se ha aquietado y ningún artificio encuentra lugar para manifestarse. Persigue la simplicidad en todas sus formas.

El arte no trata de apariencias. Si las formas no reflejan lo que llevan en el fondo, no transmiten nada. Hay una totalidad más allá de los detalles. Aunque la idea de vacuidad pudiera sonar demasiado abstracta, la vacuidad es, de hecho, nada menos que la concreción de la realidad en sí misma.

El nexo de infinitas interrelaciones es posible en el dominio de la vacuidad.

El cielo,la tierra y yo tenemos una misma raíz,

Las diez mil cosas y yo somos de una misma sustancia.

                                                  (Sojo , monje budista )

 

Fuente:
Suzuki,D. (1996).  El Zen y la cultura japonesa.
Barcelona: Paidós Orientalia